Andrés Lübbert, cineasta: “Tenemos derecho a preguntarles a nuestros padres qué pasó”

 

Andrés Lübbert en Valparaíso. Foto: Ximena Miranda.

Su padre nunca le pudo contar la verdad. Pero Andrés Lübbert (32) viendo un día La vida de los otros (Das leben der anderen), cinta alemana ganadora de un premio Óscar en 2008, se dio cuenta que a su padre, Jorge, también había sido espiado muchos años por la STASI, la temida policía secreta de la ex RDA. ¿Y por qué lo espiaron a él? – se preguntó – si era una víctima más como tantas otras miles exiliadas en Europa, torturadas por los organismos secretos de Pinochet. Para comprender el silencio eterno de Jorgerealizó tres trabajos, dos documentales y un corto experimental . Hasta que le propuso realizar juntos y con cámara un viaje interior a los supuestos lugares donde recibió brutales tormentos, para comprender definitivamente su rol en la relación padre-hijo.  Y así salió El color del camaleón, un documental honesto que indaga en el pasado oculto de Jorge Lübbert (60) en su juventud, y cómo logró huir y exiliarse en 1978 en Berlín.

Por Rodrigo Fredes

En general uno en documentales de DDHH se encuentra con víctimas explícitas, pero acá es sorprendente como sostienes la ambigüedad del tipo de personaje principal, tu padre, hasta bien avanzado el documental.
–Claro, está armado en términos de ficción con un montaje específico, puntos de giro, y a la vez está construido en términos de como yo descubrí la historia. Desde cero o no saber nada, a encontrar de a poco lo que es ese personaje misterioso de mi padre. Al comienzo tenía muchas dudas, no sabía quién era realmente. Es una historia muy compleja y poco común.

Extiendes la posibilidad de la culpa, no entras en los detalles oscuros, mantienes el silencio…
–Mi padre no tenía militancia, era un estudiante consciente, un joven con una vida por delante. Y cayó en una zona gris, víctima de una represión muy sofisticada con instrumentos de tortura muy morbosos. El guardó silencio por mucho tiempo, al igual que otras tantas víctimas y victimarios que no supieron cómo plasmarlo, para sanarse. Y ese silencio siguió afectando a las siguientes generaciones, los hijos, los nietos, y todos quedamos marcados de alguna manera.

Jorge Lübbert

A los 19 años realizó Andrés su primer trabajo, cuando vino a Chile y entrevistó a familiares. Un descubrimiento muy inocente, para recién poder formarse una idea de lo que pudo haber sucedido con su padre. Como nadie se lo podía contar bien, hizo otro documental que llamó La búsqueda del silencio, donde continuó indagando en las respuestas que no encontraba, pero en otras personas como los hijos de exiliados en Bélgica, para poder construir así su propia identidad. Luego, en el corto experimental La realidad, abordará el tema en forma creativa y su padre tampoco aparecerá de manera explícita.  La cuarta, El color del camaleón, aparentemente vendría a ser la definitiva.        

“Nunca pensé que iba a salir esta película, pero la historia me persiguió, porque estaba inconclusa. Ya no necesitaba leer más documentos sobre él, necesitaba que me lo contara de manera personal, aunque fuera poco. Y fue muy difícil”, dice. “Ahora, no sale en la película, pero él dice que siempre va a sentir culpa, una carga con la cual tuvo que aprender a vivir, porque vio cosas terribles y no pudo hacer nada. Cualquier ser humano no hubiera podido hacer nada. Es al contrario de los victimarios clásicos, ellos no sienten culpa”.

Jorge aprovechó su doble nacionalidad para huir en 1978 de las extrañas torturas con las que perseguían lavarle el cerebro. Al límite de la locura, llegó destrozado a Alemania Oriental donde su hermano Orlando Lübbert (Los puños frente al cañón -1975, Taxi para Tres -2001) realizaba por esos días una película. Al poco tiempo, la STSASI lo expulsa y vive 9 meses en Berlín. La STASI tenía varios informantes en Chile, ellos indicaron superficialmente que Jorge era una especie de agente de la CNI. Lo vigilaron y espiaron, incluidos un familiar cercano, que también era cineasta e iba a la casa y entregaba periódicamente información, y el aparato de inteligencia del Partido Socialista chileno.

De esta manera, La STASI pudo construir una narración estereotipada, esquemática y alejada de la verdadera personalidad de Jorge, con quien nunca conversó. 180 páginas escritas sobre Jorge Lübbert que Andrés encontró y en donde se daba cuenta de las intenciones de transformar psicológicamente a su progenitor. Aparecen cerca de cincuenta nombres de personas involucradas en este proceso de deshumanización, además de los lugares y las refinadas formas y técnicas de tortura y manipulación.

“En mi primer viaje a Chile, a los 19 años, mi tío Orlando Lübbert me mostró el testimonio de mi padre, que entregaba en detalle los momentos de la brutal instrucción a la que había sido forzado y sometido por la DINA, hasta que logró escapar a Alemania Oriental y armar una nueva vida. Pero sólo sabía eso y necesitaba saber toda la verdad”.

Y comenzaste a sospechar que en su pasado existía algo más, no te calzaban las piezas me imagino…
–Claro, porque siempre tuvimos una idea romántica de mi padre, una historia idealizada y revolucionaria típica de alguien en el exilio. Pero resultó que la verdadera historia era cruda y oscura.

No todo aparece en la película. Durante los nueve meses que estuvo viviendo en Alemania Occidental, dos veces llegarían los agentes de la DINA – el documental cuenta solo uno – para presionarlo, amenazarlo con que lo iban a activar, diciéndole en algún momento las cosas que tendría que hacer. Era una forma de saber si todavía tenían el poder sobre él. Entonces, el hombre fuerte se quebró otra vez, pero estaba Orlando cerca, quien lo llevará donde el Secretario General de Amnistía Internacional de entonces, Helmut Frenz, un cura alemán muy recordado y querido que estuvo y ayudó a mucha gente chilena y por lo cual le dieron la nacionalidad chilena en agradecimiento a su labor. El mismo lo acoge en su casa en Bonn y difunde información falsa para despistar a los servicios de inteligencia, diciendo que Jorge se habría ido a Suecia. Pronto se refugia en Bochum en una comunidad de estudiantes y viaja a Lovaina, Bélgica, para recibir terapias en un centro de acogida psico-social, fundado por el neurosiquiatra chileno Jorge Barudy, experto mundial en traumas y resiliencia, donde Jorge sería uno de sus primeros pacientes.

“En el fondo, también es una visión, la mía, desde afuera. Hasta los 19 años yo no hablaba una palabra de español. Conozco casi nada de Chile, y en ese sentido, creo, es un acercamiento más limpio, no influenciado por nadie. A mí siempre me han chocado los extremos que toman en Chile con respecto del pasado. O es negro o blanco, contra o pro, eres comunista o pinochetista. Y yo nunca vi la historia de esa forma”.

“Aquí siempre ha faltado un gran diálogo y hay muchas preguntas sin respuestas. En ese sentido esta película es un llamado a la consciencia de las generaciones jóvenes, a decir tenemos el derecho de saber y preguntar a nuestros padres qué pasó, aunque duela porque al final de cuentas es un viaje sanador”.

***

En la película se aprecia que hay un buen cierre, tanto desde el punto de vista del relato como aparentemente desde el ámbito padre-hijo. ¿Es efectivo esto último?
–Sí, totalmente, los dos nos sacamos un gran peso de encima. Más que nada mi padre, que guardó el secreto casi toda su vida, y con la película pudo contarlo, aunque fuera tarde, fue muy liberador. También para mí, porque me traspasó su trauma, sin quererlo. Y creo que no debería sentir culpa, porque a cualquier otra persona lo hubiesen quebrado. Y el resistió hasta el final, es un hombre muy fuerte”.

Andrés queda sentado en un cómodo sillón del hotel O’Higgins, por donde deambulan otros cineastas que también participan en  en la última versión del FICVIÑA. Observa pensante todo a su alrededor, también una monitor de televisión con noticias, de un país que apenas comienza a conocer. Probablemente, de no haber convertido su propia historia de vida familiar en un documental, pronto habría visto el mismo argumento adaptado a la pantalla chica, en algún tipo de ficción fugaz.

 

Funciones en Valparaíso (MIRADOC)

Teatro Condell (Condell 1585) a través de Insomnia Alternativa de Cine

9, 13, 14, 15, 16, 20 y 23 de septiembre | 19:00 hrs. | Valor: $ 1.000

 

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