About Dylan Nobel

bob-dylan

Por Leo Silva

Johnny’s in the basement

Mixing up the medicine

I’m on the pavement

Thinking about the government

The man in the trench coat

Badge out, laid off

Says he’s got a bad cough

Wants to get it paid off…

Yo debería ser uno de los que tendría que estar celebrando el Nobel de Bob Dylan, realizando constantes publicaciones en redes sociales de fotografías y viejos videos de canciones, y haciendo referencias tardías de la conexión de Dylan con el Chile inmediato al golpe de estado.

Los que me conocen, saben de mi amor por el rock y sobre todo por su esencia contracultural (la que solía ser al menos) y su estética rebelde. Ninguno de sus íconos me resultan ajenos. Desde el folk norteamericano, el sueño beatnik de la travesía sin fin costa a costa, hasta el escupitajo punk tanto neoyorkino como londinense.

Sin embargo, por esta misma esencia rebelde del género, algo no me calza del todo. Como buen iniciado, tiendo a dar la otra mirada, a la sospecha constante con el “establishment” y a preferir la búsqueda en el fallo y la esencia callejera de donde proviene la fuente del arte de Dylan.

También, me llena de pudor ajeno la algarabía snob de los celebrantes del galardón. Excepto uno que otro gringo que por cercanía lingüística y de nacionalidad defienda a brazo partido este Nobel, los demás, de verdad y con una manito en el corazón. ¿Cuántas canciones conocen de Bob Dylan? ¿Tres? ¿Cuatro? Y si las conocen, ¿de verdad las entienden en su juego de palabras en inglés original?

De aquellos que conocen más de cuatro canciones. ¿Cuántos tienen el ejemplar en Inglés de Tarántula – a razón – la única obra literaria de Dylan? ¿O Crónicas Volumen Uno? (nunca ha publicado el dos), una suerte de autobiografía.

Una provocación. Un símbolo de la crisis de las instituciones de la cual la academia sueca quiere hacerse parte a propósito, para evidenciar este fenómeno acudiendo a un ícono de la contracultura de los 60’s, me dice una amiga literata y respetada. Puede ser – se lo concedo. Tampoco es un misterio que los galardones Nobel siempre han tenido algo de político. El mismo Nobel de Neruda, en su tiempo, generó cierto nivel de suspicacias. En un momento en donde gran parte del mundo europeo miraba el proceso chileno al socialismo por la vía democrática – en 1971 – Neruda gana su Nobel y por ahí, se leyó como una simpatía de la academia y una alineación con los tiempos progresistas en boga.

Siguiendo la misma lógica, podría ser que este Nobel tenga que ver con un traerle de vuelta al pueblo norteamericano las líricas de uno de sus más importantes trovadores sociales – seguidor de Woody Guthrie – y junto con esto, devolverle la mirada a los tiempos contraculturales y recordarle su multiculturalidad, su conciencia social y los valores de los 60’s, todos hoy amenazados por las vociferaciones de Donald Trump.

Por favor, no me mal entiendan (Don’t get me wrong please); como todos, tengo una enorme simpatía por Robert Zimmerman – aka – Bob Dylan, pero así como no saltaría de alegría por un Nobel a Joe Strummer, tampoco lo hago por el inspirado Bob y menos si no le he leído una sola publicación en su lengua original. Prefiero seguir tatareando una de sus letras, mientras camino por la calle imaginando que me lo pueda encontrar en cualquier esquina del Greenwich Village, como a Strummer en el metro de Londres, con una guitarra y una armónica entonando a Guthrie.

Mejor dejemos que los “chicos”… sigan cantando sin trofeos.

…Look out kid

It’s somethin’ you did

God knows when

But you’re doin’ it again

You better duck down the alley way

Lookin’ for a new friend…

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