Pensamientos a propósito del libro «Violeta quiere ser artista»

 

Libro al entrar en ti,
te saludo con la emoción del visitante que penetra en un hogar ilustre.
Hogar serás tú, refugio y consejero. 
Gabriela, Mistral

Por Stella Salinero Rates*

Cuando empecé a escribir sobre Violeta quiere ser artista muchas emociones me abordaron. Son tantas cosas las que quisiera decir, las que me susurra este libro tan hermoso y necesario que con gran cariño han creado Macarena Ruiz y Loreto Ledezma (texto), junto a Geraldine Escobar (ilustraciones), del Museo Artequin Viña del Mar. Estas emociones aparecen, en parte, por la lectura del libro y por otra porque hoy es en una fecha muy especial: el cumpleaños de mi hermana Mónica. Ella siempre me ha apoyado y es para mí, como las artistas incluidas en este libro para Violeta, una inspiración. Hoy la recuerdo cuando siendo pequeñas me leía cuentos desde el camarote durante las noches. Me deleitaba con las imágenes que su voz proyectaba en mi imaginación. Así que gracias hermanita querida. Creo que este libro proyectará imágenes, pero no sólo eso, también deseos de ser en las niñas y niños que lo lean.

Mientras estudiaba Historia del arte en la Universidad de Chile, allá lejos por los dos mil, sentí esta falta de artistas -que detecta Violeta- como una imposibilidad de identificación, un silenciamiento de la genealogía a través de la cual podríamos reconocernos.  Es por ello que me habría encantado poder leer Violeta quiere ser artista, pues aparecen en sus páginas casi más artistas que las que nos enseñaron en todos mis años de estudio, y entre sus virtudes, tiene la de explicar de forma pedagógica los límites que una cultura patriarcal impone a las mujeres como, asimismo, las formas en que nosotras hemos sabido transformar esos límites, tal y como lo hicieron las artistas que aquí se convocan. 

Un detalle importante es el color escogido para este libro y su protagonista. Nombre y color lleno de resonancias e imágenes, nos trae a la memoria a nuestra querida Violeta Parra, pero también el violeta de la bandera feminista. Es muy acertado poner ese color en esta serie, justamente cuando su protagonista quiere ser artista, porque habla de deseos, de transformación, de voluntad, de sueños, materializados en la genealogía aún desconocida de mujeres que, en estas tierras, han tomado ese difícil camino.

Este libro está lleno de albricias, palabra antigua que quiere decir regalos. Al abrir sus páginas descubrí a Alice Guy cineasta francesa quien realizó la primera película narrativa de la historia y no paró hasta hacer más de seiscientas…me pregunto, ¿alguien ha tenido oportunidad de ver alguna película de ella?  Yo no he tenido esa oportunidad y me imagino que muchas de ustedes tampoco… Les agradezco por presentarme el trabajo de esta mujer pionera. Vivió un tiempo en Valparaíso, asimismo tres de las seis artistas que protagonizan conversaciones con Violeta nacieron y vivieron en la región (Elmina Moisan-Quillota, Laura Rodig-Los Andes, Celia Castro-Valparaíso) Respecto a esto último quisiera decir que nos traen a nuestro presente, ya que muchas de ellas son parte de familias de inmigrantes, como las familias que hoy llegan al puerto, es decir, este libro toca diversas dimensiones de nuestra cultura y sociedad.  Algunas de sus obras se encuentran en el Museo Municipal de Valparaíso, Palacio Barburizza. Otra albricia o regalo para conocer más de ellas y seguir investigando.

Este libro se torna cada vez más valioso en mi relato, porque la historia del arte que excluyó a Alice Guy, hizo lo suyo con las artistas Celia Castro, Judith Alpi, Ana Cortés, Elmina Moisan, Laura Rodig. Era, y aún sigue siendo, una gesta masculina, hecha a la medida del héroe artista, masculino/heterosexual/blanco… Sin embargo, yo sabía de algún modo que había muchas mujeres creadoras… Lo intuía y me puse a buscar. Estaba la figura emblemática de Violeta Parra (a quien dicho sea de paso nunca estudiamos en la universidad), Rebeca Matte, Matilde Pérez, Virginia Huneeus… Cuando alguna se mencionaba en mis clases, para mí era una alegría enorme (¡y lo sigue siendo!).  

El libro me llevó a pensar que muchas de nosotras hemos tenido la suerte de encontrarnos con alguna mujer que nos ha alentado en nuestros afanes, como lo hace aquí la abuelita y las artistas con Violeta. En mi caso ha sido la poeta y académica Eugenia Brito. Ella nos presentó el trabajo de escritoras y artistas de los ochenta… Un recuerdo vívido de esas clases en la Facultad de Artes, fue ver las páginas del libro El infarto del alma, donde paz Errázuriz y Diamela Eltit hicieron un trabajo colaborativo.

Quisiera citar las palabras de una de las artistas que está en el libro, me refiero a Nancy Gewölb, quien en 1972 en la revista cultural La quinta Rueda a propósito de sus obras declaró: “esto es un tipo de protesta al tipo de clase social en que viví. Yo pasé de unos padres muy tiernos a los brazos de un marido muy tierno. Con esto demuestro que estoy aquí. Que esto es sin vuelta…” 

Creo que estas palabras son muy decidoras, nos ponen frente a una fuerte determinación, frente a la decisión de cambiar la historia personal y los mandatos de rol impuestos y por ello expresan algo muy hermoso de la historia del movimiento de mujeres y feminista, que es el momento de la conciencia de la necesidad de la transformación, personal y política. 

El domingo recién pasado estaba en uno de los rituales que realiza la colectiva de arte y activista Lupitas del Sur en plaza Victoria, para recordar las mujeres que han perdido su vida en manos del machismo y cantamos una canción que de cierta forma se acerca a las palabras de la artista que les conté y empieza así: Aquí estoy, esta soy… 

Me quiero despedir honrando a las mujeres que nos anteceden y a las que como las realizadoras de este libro abren generosamente caminos para ir reconociéndonos y entrelazando nuestro pasado con nuestro presente. Porque a pesar de la hermosura de los cuentos que me contaba mi hermana, éstos eran normativos y reproducían nuestra situación de desventaja y subordinación, sus héroes eran casi siempre masculinos y las mujeres eran situadas en roles estereotipados y secundarios que reducían el imaginario de lo que nos era posible. En cambio, la historia Violeta quiere ser artista, es una hecha por mujeres y referente para otras mujeres, lo que posee un innegable valor ya que visibiliza a las artistas y las pone frente a nosotras como un espejo en el cual podemos reconocernos. Es por ello que libros de este tipo se agradecen tanto, porque contribuyen a ampliar el imaginario de lo posible y nos permiten soñar con destinos que hasta hace poco nos estaban vedados a las mujeres.

 


*Licenciada en Teoría e Historia del Arte, Universidad de Chile. Máster en Estudios Avanzados en Historia del Arte, Universidad de Barcelona

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