A 40 años del golpe

Asalto a La Moneda


Todo este revival de la época de la dictadura, y la discusión respecto a si ha habido o no reconciliación, me hace pensar que para re-conciliarse hay que haber estar conciliado alguna vez. Pero, ¿será así?

Es evidente que inmediatamente antes del golpe, los que supuestamente hoy debieran reconciliarse, no estaban para nada conciliados entre sí, y de hecho estaban profunda y belicosamente enfrentados. Es decir, la disolución de la supuesta conciliación, no se produjo con el Golpe del 73. Y si vamos más atrás en el tiempo (supongamos, previo a la elección de Allende), me parece evidente que estaban en posiciones muy antagónicas. Más aun, los enfrentamientos entre visiones diametralmente opuestas acerca de la sociedad suelen ser la norma, aquí y en la quebrada del ají (rusos vs yanquis, Balmaceda, O´Higginistas v/s Carreristas, mapuches vs españoles, revolución bolchevique, francesa, en fin). Peor aún, es común que entre los grupos que se disputan cómo organizar la sociedad, alguno trate de tirar el mantel e imponer su visión a la fuerza. Cuando eso sucede, es usual que ese grupo se vaya al chancho, como sucedió con la derecha y las FF.AA durante la dictadura de Pinochet. Y así la odiosidad, que en forma muy concreta, hasta cierto punto siempre existió, tiende a perpetuarse.

Sólo sería posible, entonces, una mayor comunión entre miradas antagónicas, si verdaderamente pudieran acercar posiciones. Es decir, si cada uno logra reconocer al menos parte de la “verdad” del otro. Pienso que eso, en teoría, podría pasar si, sin dejar de lado todas sus convicciones, unos y otros, mirándose lúcidamente a sí mismos, fuesen capaces de reconocer sus errores y aberraciones más gruesas, y al hacerlo, tener la humildad para establecer la distancia consigo mismos para acercarse y genuinamente empatizar con el otro, reconocer su falta, pedir sentidamente perdón, y hacer lo posible por enmendar los daños.

Lamentablemente, me parece que quienes se cebaron ejerciendo el poder durante el régimen militar (ya sea porque dieron órdenes para reprimir sin contemplación, ejercieron esas órdenes, y/o miraron para el lado haciéndose los desentendidos) no parecen sentir genuino arrepentimiento, vergüenza incluso, y por ello nunca han pedido sentidamente perdón por los horrores cometidos, ni han hecho todos sus esfuerzos para dilucidar los muchos cabos sueltos de que aún quedan para saber toda la verdad y ejercer justicia. El ser capaz de hacer lo anterior no implica, porque, como argumento al inicio, sería irreal (y erróneo además) pretenderlo, que deban negar todas sus convicciones (sociales, económicas, culturales, etc., que, en este caso, los llevaron a oponerse a Allende, la visión socialista/comunista, e impulsar otro modelo de sociedad). Para nada.

Sería sólo necesario que pudieran, en un acto, repito, de humilde lucidez, reconocer e intentar por ende corregir, los horrores más violentos que ordenaron, cometieron o avalaron por acción u omisión. Claro, para ello, ayudaría que del otro lado, fuésemos capaces también de identificar nuestros propios fanatismos y errores, y reconocer en los primeros no sólo ambiciones y motivaciones abyectas, sino que también honestas (aunque pensemos equivocadas) intenciones por el bien común. Al final, mirarnos los unos a los otros como seres humanos complejos, dominados por demasiadas limitaciones que nos hacen equivocarnos, perder nuestro centro y actuar mal, y evitar la tentación de mirarnos maniqueamente como caricaturas del bien y el mal…

Comenta desde Facebook

Comentarios