«15 años después», pequeña radiografía de nuestra historia reciente

«15 años después» de la Compañía Teatro Virgen escrita y dirigida por Fernando Mena, no solo muestra el avance de una autoría dramatúrgica cada vez más encaminada hacia una poética propia, sino que sorprende con una dirección más sólida y madura que sus puestas anteriores.

15 años después - Teatro Virgen - La Juguera Magazine

Por Javiera Larraín G.*

La fábula se centra en cuatro compañeros de colegio –interpretados por Gabriela Arancibia, Daniel Benítez, Humberto Cerda y Cristián González– que se encuentran 15 años después de haber terminado su período escolar, en el entierro de uno de sus compañeros de curso, el “muerto” Bernal, que se ha suicidado. Tras el funeral, deciden reunirse en el departamento de uno de ellos, para compartir sus vivencias durante todos estos años en que no se han visto. Cada uno de estos adultos –antes jóvenes y niños– representa una parcela ideológica propia. Por ejemplo, en Humberto descansa un discurso político combatiente, que pareciera haberse quedado anquilosado en las prácticas del pasado; en Daniel opera la lógica del capital y del consumo; en Gabriela, se aprecia la postergación como mujer profesional, a favor de las dinámicas sociales de la maternidad; y Cristián da cuenta de una problemática ligada a los discursos de género y de las minorías sexuales, al dar a conocer abiertamente su homosexualidad a sus compañeros. Los actores –que representan a sus personajes homónimos– interpretan estas diferentes aristas, que ponen en diálogo y polemizan con las distintas opciones de vida que cada uno de ellos ha escogido para sí.

Si bien, hasta el momento podría parecer que 15 años después se muestra como una simple anécdota coloquial, dada la cotidianidad de su trama; la obra sorprende precisamente desde su propia sencillez. A partir de un trabajo de dirección coral, los actores muestran una interpretación pareja y sostenida de sus respectivos personajes; logrando mantener una tensión invisible a lo largo del montaje, para culminar en un clímax final, donde una aparente reunión de amigos, termina por exacerbar las pasiones e irse de las manos del propio anfitrión de casa. El trabajo de dirección actoral es acompañado por una propuesta de diseño minimalista, que puede situarnos no solo en el interior de un clásico departamento dúplex; sino que también logra trasladarnos tanto al funeral de occiso Bernal, como al mundo íntimo de cada uno de sus compañeros. He aquí precisamente, en la vivencia individual de cada uno de los cuerpos en escena, en donde radica la apuesta política e ideológica de la obra; y por lo demás, el gran acierto de Mena. 15 años después, no es más que una radiografía del estado actual de la sociedad chilena; es una fotografía lúcida que da cuenta de la traslúcida realidad local. Es una propuesta especular que mira con lupa la contingencia ciudadana de un grupo etario que bordea los treinta años –o la “edad de Cristo” como consigna uno de los personajes– que hablan del discurso de promesas fallidas y alegorías de la derrota de la historia chilena reciente.

Lo político de 15 años después no radica en un ejercicio que busque despotricar una verborreica crítica sobre el período pasado y las promesas de futuro, sino que se instala en la intención de mostrar los mecanismos operativos en los que funciona la lógica neoliberal en que se vive hoy en día. La obra no pontifica; sino que muestra y expone un ejercicio operatorio que es completado por el público, responsable de otorgar las cargas ideológicas que estime correspondiente. Dicha decisión de dirección se agradece en una escena local que pareciera olvidar el respeto por la audiencia subestimando su intelecto. Mena, en esta ocasión, no peca de ello; pues comprende que la crítica y la forma son ejes convergentes de su puesta en escena. Es en la forma de 15 años después, en donde se deshacen las prácticas del pasado de estos cuatro compañeros. De este modo, se nos entrega una obra profundamente crítica, no porque critique en sí, sino porque mediatiza. Una obra que no nos habla de las soledades individuales a las que se ve sometida una generación de “adultos jóvenes”, incapaces de re-conocerse a ellos mismos en su vida diaria; sino que nos muestra esas soledades, permitiendo que como espectadores nos (re)conozcamos en ellas. Una práctica escénica, que hace recordar de sobremanera las poéticas direccionales actuales que se vivencian en el teatro bonaerense actual.

Con esta puesta en escena Teatro Virgen, no solo consolida su trabajo dentro del panorama escénico de la Región de Valparaíso, sino que refleja un camino de madurez. Tal como reza la obra, varios años después, bajo la premisa del re-encuentro de nuevo montaje; entregan un discurso que ha pasado sin mediar asperezas y sobresaltos –tal como la propia vida– de la adolescencia a la adultez.

*Investigadora Teatral PUC.

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